CONSIDERACIONES ACERCA DE LA RESPONSABILIDAD Y LA CULPABILIDAD EN LOS CAMPOS JURÍDICO, PSICOLÓGICO Y SOCIAL - Bur, Ricardo y Ottone León, Ricardo

"Incluso en un banquillo de acusado es interesante oír hablar de uno mismo. Durante las intervenciones del fiscal y de mi abogado, puedo decir que se habló mucho de mí, tal vez más de mí que de mi crimen. ¿Eran, en todo caso, tan diferentes esos alegatos? El abogado levantaba el brazo y reconocía la culpa, pero con atenuantes. El fiscal tendía sus manos y denunciaba su culpabilidad, pero sin atenuantes. Sin embargo, algo me molestaba vagamente. A pesar de mis preocupaciones, me sentía tentado a veces a intervenir y mi abogado me decía entonces: "Cállese, será mejor para su causa". Parecía como, si de algún modo, el proceso se llevase dejándome fuera. Todo se desarrollaba sin mi intervención. Se decidía mi suerte sin contar conmigo. De vez en cuando, tenía ganas de interrumpir a todo el mundo, y decir: "Pero de todos modos, ¿quién es el acusado? Es importante ser el acusado. ¡Yo tengo algo que decir!".

(Albert Camus, "El extranjero", 1942)

 

Introducción: En el campo cada vez más frecuente de los abordajes interdisciplinarios de fenómenos complejos como los fenómenos humanos, existe cierta tendencia a utilizar categorías que pertenecen a distintos campos del pensamiento, y esto muchas veces tiene consecuencias en las prácticas cotidianas de los profesionales. En relación con esto, quienes trabajamos con sujetos involucrados con el sistema penal, nos vemos muchas veces en la situación de definir la responsabilidad de un sujeto frente a una determinada situación, corriéndose el riesgo de asignar al sujeto un único tipo de responsabilidad, muchas veces extrapolada desde el campo de lo jurídico al campo de lo intrapsíquico. De esta manera, es frecuente encontrar en la práctica profesional, situaciones o fallos que con el argumento de responsabilizar al sujeto, solo consiguen culpabilizarlo. La intención del trabajo es la de deslindar algunos elementos que están en juego en el centro de esta problemática, en la que se cruzan distintos saberes que delimitan distintos objetos.

 

Responsabilidad y culpabilidad para el psicoanálisis: En "Dostoyevski y el parricidio" (1928) Sigmund Freud toma el caso del novelista para elaborar una hipótesis acerca del parricidio y su relación con el sentimiento de culpa. Aquí, como en el caso del Hombre de las Ratas, un sujeto se siente culpable aunque no sabe exactamente por qué. Si bien el parricidio tiene función fundante para el sujeto a partir de la estructura edípica, en el caso de Dostoyevski, este parricidio tiene dimensión simbólica pero también en cierta manera, real.

En la obra "Los hermanos Karamazof" , son estos quienes cometen el crimen de su padre y de la biografía del novelista -según los datos que ofrece Freud en el texto- se puede ver que el destino del padre de Dostoyevski fue análogo al del personaje del padre de su novela: morir asesinado 1 cuando el escritor tenía ocho años de edad (si bien la diferencia radica, en el segundo caso en que el novelista no fue el autor material del crimen).

Este asesinato, que se conjuga con los deseos parricidas del niño derivados de la problemática edípica ("matarás a tu padre y te acostarás con tu madre") , generará el sentimiento de culpabilidad que acompañará al artista a lo largo de su vida, y que intentará satisfacerse a través de una serie de diversos castigos que este se imponía.

Ejemplos de estos castigos pueden encontrarse en la relación que Dostoyevski tenía con el juego y que lo arrastraba a períodos de extrema pobreza, o la manera en que éste vivió su castigo en Siberia, o la modalidad que adquirían sus ataques epilépticos - histero epilépticos para Freud- que curiosamente, disminuyeron su intensidad mientras duró dicha reclusión.

La presencia de deseos parricidas es estructural al sujeto según Freud (Tótem y Tabú, 1912), pero en el caso de Dostoyevski hay un agregado: la irrupción en el orden de lo real de un asesinato, lo que provoca que ese hecho adquiera otra dimensión para el artista.

Freud, a partir de estos datos, se ocupa de demostrar que gran parte de los padecimientos sufridos por Dostoyevski se deben a la necesidad de castigo producto del sentimiento de culpa inconsciente, a raíz de los deseos parricidas que en su caso vieron una realización en lo real. "El propio Dostoyevski proporciona la mejor referencia acerca del sentido y el contenido de sus ataques, cuando comunica a su amigo Strajov que su irritabilidad y depresión tras un ataque epiléptico se deben a que se ve como un criminal, y no puede apartar de sí el sentimiento de cargar con una culpa desconocida, de haber cometido un gran crimen que lo oprime. En acusaciones como esta, el psicoanálisis ve cierto discernimiento de la realidad psíquica, y se empeña por hacer conocida para la conciencia esa culpa desconocida" (FREUD, 1928, Pág. 184)

Encontramos aquí que el sujeto es para el psicoanálisis un sujeto dividido y está determinado por una realidad psíquica que no es aquella realidad fáctica del sentido común, ya perdida y que nuestra sociedad intenta organizar a partir de distintos mecanismos, como las distintas disciplinas (entre ellas el psicoanálisis o el derecho penal), quienes cumplen el papel de dibujar distintos sujetos, en este caso, el sujeto del derecho y el sujeto sexuado.

Los ataques epilépticos del escritor, a los que Freud considera síntomas de su neurosis, son interpretados por Freud como un castigo recibido en la realidad por ese crimen cometido. El hecho de que tales ataques hayan permanecido ausentes durante su confinamiento por causas políticas en Siberia, permite inferir esto: "La condena de Dostoievski como criminal político era injusta, él tenía que saberlo, pero aceptó el inmerecido castigo del padrecito Zar como sustituto del castigo que había merecido por sus pecados hacia el padre real. En lugar de auto castigarse, se hizo castigar por el subrogado del padre" (FREUD, op. cit., Pág. 184).

Este ejemplo nos permite ver de qué manera lo que el psicoanálisis entiende por culpabilidad es de un orden diferente a lo que otros sistemas de pensamiento como el derecho definen. Un mismo término, en este caso, no implica la misma conceptualización. Para el psicoanálisis la culpa se debe entender como sentimiento de culpa frente a deseos inconscientes.

 

La responsabilidad para el psicoanálisis: Íntimamente ligado al concepto anteriormente citado, aparece como relevante intentar una aproximación al concepto de responsabilidad subjetiva. El imperativo categórico kantiano "actúa de manera tal como si tu acto individual sea regla universal", o el imperativo sadiano "¡goza!" , en el psicoanálisis adquieren la forma del siguiente enunciado: "¿Has actuado según el deseo que te habita?" . El deseo es deseo inconsciente y el sujeto debe intentar ser fiel a ese deseo. La responsabilidad del sujeto deberá jugarse con respecto a esta dimensión deseante. El neurótico obsesivo, por ejemplo "El hombre de las ratas", a partir de sus recovecos ideativos y rituales, no hace otra cosa que demorar el encuentro con el deseo que lo habita, lo que lo confirma como imposible. Desde el punto de vista del imperativo, aquí sí el sujeto puede aparecer como culpable: "Propongo que de la única cosa de la que se puede ser culpable, al menos en la perspectiva analítica, es de haber cedido a su deseo" (LACAN, 1986, Seminario 7, clase 24).

En nuestra sociedad, este imperativo debe coexistir con el imperativo del bien común, que no solo implica un sacrificio con respecto a lo que el sujeto desea, sino que muchas veces entra en abierta contradicción con ello, en la medida que para cumplir con esa ética del bien común, es necesario traicionar el propio deseo. "Lo que del bien es sacrificado por el deseo, quiere decir lo mismo que lo que del deseo es perdido por el bien" (LACAN, 1986, Seminario 7, clase 24). "La moral del poder del servicio de los bienes es: en cuanto a los deseos, pueden ellos esperar sentados, que esperen..." (LACAN, 1986, Op.Cit .)

Este esquema teórico nos permite, llevado a un extremo, observar la modalidad de la oposición que se establece en cuanto a la relación entre el sentimiento de culpa, el hecho realmente acontecido y las exigencias morales.

En la experiencia del psicoanálisis, sujetos virtuosos en lo que hace a su alineamiento de la ética de bienes, a la exigencia cultural de la renuncia pulsional, muchas veces -contrariamente a lo que el sentido común podría suponer- no encuentran la recompensa esperada proveniente de la instancia moral, la cual lejos de mostrarse satisfecha con la renuncia, se presenta más cruel y exigente. Este mecanismo es descrito por Freud de la siguiente manera: "La conciencia moral (...) se comporta con severidad y desconfianza tanto mejor es cuanto más virtuoso es el individuo, de suerte que en definitiva, justamente aquellos que se han acercado más a la santidad, son los que más acerbadamente se reprochan su condición pecaminosa. Así, la virtud pierde una parte de la recompensa que se le promete; el yo obediente y austero no goza de la confianza de su mentor y, a lo que parece, se esfuerza en vano por granjeársela." (FREUD, 1929/1930, Pág. 121) Esto explicaría también aquello que Lacan escribe de la siguiente manera: "Hacer las cosas en nombre del bien, y más aún, en nombre del bien del otro, esto es lo que está muy lejos de ponernos al abrigo, no solo de la culpa, sino de toda suerte de catástrofes interiores. En particular, esto no nos pone ciertamente al abrigo de la neurosis y sus consecuencias" . (LACAN, 1986, Op.Cit .)

Yendo un poco más allá entonces, esta renuncia no solo no nos libra de la culpa (entendida como sentimiento de culpa ) sino más aún, ella misma es su fuente. En la medida en que Lacan propone que la única cosa de la que se puede ser culpable es la de haber cedido en su deseo, el sentimiento de culpa, cuando se presenta, encuentra allí su raíz.

Volviendo a lo planteado en el principio del trabajo, ética, responsabilidad y culpabilidad no se superponen, en la medida en que, como hemos visto anteriormente, la culpabilidad en tanto sentimiento de culpa, no depende ni tiene su fundamento en la dimensión del acto, sino que se sustenta en una dinámica intra psíquica (inconsciente) de la cual el individuo que la padece no tiene ninguna noticia sino a través de sus efectos, es decir, el malestar del que es objeto. En cuanto a la dimensión ética, aquí sí la cuestión del acto parece colocarse en el centro del problema, por lo menos así aparece planteado en los imperativos que sustentan los distintos tipos de ética, desde la ética kantiana (" actúa de manera tal que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre como principio de una legislación que sea para todos"), sadeana ("tomemos como máxima universal de nuestra acción el derecho a gozar de cualquier prójimo como instrumento de nuestro placer"), o la pregunta "¿Has actuado en conformidad con tu deseo". Vemos que la ética consiste, esencialmente, en un juicio sobre nuestra acción .

 

Acerca de la responsabilidad para el Derecho Penal: Se llama "Teoría del Delito" a la parte del derecho penal que se ocupa de explicitar qué es el delito en general, es decir, cuáles son las características que debe tener cualquier delito. Para que el mismo exista deben estar presentes tres requisitos que lo definen. La sola ausencia de una de estas características invalida toda pretensión de considerar a dicho suceso como delito. La primera característica es la tipicidad : la conducta en cuestión debe estar tipificada dentro del código penal, es decir, una conducta que no encuadra dentro de los denominados "tipos" que la individualizan y la describen, no puede considerarse como delictiva.

La segunda característica es la anti juridicidad , es decir que esta conducta tiene que estar prohibida. No toda conducta típica es un delito, ya que esencialmente existen acciones típicas que tienen un permiso (estado de necesidad, legítima defensa, etc.) es decir que para que sea antijurídica no puede estar permitida ni existir justificación para su realización. Si se presentan estas dos características, no estamos aún frente a una conducta delictiva. Estamos frente a lo que se denomina un "injusto penal". Para que éste pase a constituir un delito debe existir también culpabilidad, entendida como reprochabilidad del injusto al autor, es decir, que este tuvo la posibilidad de actuar de otra manera. Esta situación es la que se evalúa en los casos de inimputabilidad.

A manera de síntesis podemos decir que "Delito es una conducta humana individualizada mediante un dispositivo legal (tipo) que revela su prohibición (típica) que por no estar permitida por ningún precepto jurídico (causa de justificación) es contraria al orden jurídico (antijurídica), y que, por serle exigible al autor que actuase de otra manera, en esa circunstancia, le es reprochable (culpable)" (ZAFFARONI, 1996, Pág. 324)

A partir de lo mencionado anteriormente, podemos intentar una caracterización de la noción de responsabilidad en el campo del derecho penal. Díez Picazo (1996) señala que a partir de la ilustración (momento en que se configuran los cimientos de la categoría de delito en las modernas legislaciones occidentales) la responsabilidad está sustentada en dos principios: la personalización y la tipicidad, entendiéndose a la personalización como la posibilidad de atribuir el hecho -según la reconstrucción que se haga de los acontecimientos- a determinada persona, es decir individualizando al autor que es el que lo ha efectivamente cometido y gozando este a su vez, de un estado psicológico particular de entendimiento y voluntad. En cuanto a la tipicidad, como hemos visto anteriormente, se puede decir que la definición de los delitos y de las penas correspondientes debe estar fijada de antemano y con suficiente precisión. Desde este punto de vista en el campo del derecho los conceptos de culpabilidad y responsabilidad parecen superponerse, ya que al estar delimitándose un sujeto consciente, dotado con autonomía y voluntad, no parece haber lugar como para instalar un criterio de demarcación concerniente a un sujeto poseedor de otras dimensiones como las anteriormente mencionadas.

Al hablar del delito damos por sentado que estamos refiriéndonos a una conducta . No existe delito fuera del campo de la conducta. Este criterio sistemático de análisis del delito que hemos presentado, establece que el delito es aquella conducta "típica, antijurídica y culpable", y que estos tres elementos, exigibles y necesarios para su existencia, tienen por objeto dos aspectos diferentes del mismo. Los dos primeros (tipicidad y antijuricidad) ponen el acento en la conducta, la cual en presencia de ambos, adquiere el carácter de disvaliosa (el denominado "injusto penal"). Por otro lado, el tercer término, la culpabilidad hace referencia al autor de dicha conducta. Este disvalor funciona con cierta independencia en relación con la culpabilidad, ya que, si como vimos, el injusto penal adquiere su entidad aún sin existir la culpabilidad, una conducta puede ser definida como disvaliosa más allá de la responsabilidad del sujeto. La imposibilidad de reproche (por ejemplo la inimputabilidad) ni impide que se pueda considerar a esa conducta como disvaliosa, "el injusto" (conducta típica y antijurídica) revela el disvalor que el derecho hace recaer sobre la conducta misma, en tanto que la culpabilidad es una característica que la conducta adquiere por una especial condición del autor por la reprochabilidad que del injusto se le hace al autor" (ZAFFARONI, Pág. 325)

Si el tema que nos atañe es el de la responsabilidad (en este caso la culpabilidad) vamos a centrarnos en este último aspecto de la teoría del delito, y de esta manera inevitablemente debemos caer en las consideraciones acerca de las características de lo que aquí se denomina como "el autor".

Desde el punto de vista antropológico, el principio de culpabilidad que dice que no hay crimen sin culpa (" nellum crimen sine culpa" ) reposa en la exigencia de la presencia de autodeterminación por parte del autor, es decir que tiene como premisa necesaria la aceptación de que el hombre es un ente capaz de autodeterminarse. Esta capacidad tiene raíces históricas, al decir de Legendre : "Reflexionemos sobre el concepto de falta, o más exactamente de culpa, tomado del derecho romano por las doctrinas europeas de la responsabilidad, a partir de la Revolución del intérprete (siglos XI y XII) para fabricar uno de nuestros más queridos postulados: el sujeto-joya, sujeto libre que dispone de sus actos en virtud de su poder de liberación consigo mismo, la facultas deliberandi de los glosadores escolásticos" (LEGENDRE, 1994, Pág.. 46)

Tal es así que cuando desaparece esta posibilidad, esta autodeterminación, la figura de la culpabilidad cae, ya que esta es inherente a la misma. Por otra parte, es necesario que el autor del injusto disponga de una cierta capacidad psíquica necesaria para que dicho injusto le pueda ser reprochado. Esa capacidad psíquica es la que le permitiría comprender la naturaleza del injusto que ha cometido, es decir, comprender que tal conducta es disvaliosa, que está prohibida y, sobre la base de esta comprensión poder adecuar su conducta de manera que esta quede conforme al derecho. "Hasta las revoluciones intelectuales y sociales del siglo XX, el sujeto libre era señalable en el interior de un sistema de legalidad situando al crimen no solamente como un acto, sino como un acto sabido. Los clásicos expresaban, oponiendo el saber de un hecho en su esencia al no saber del niño, del dormido o del loco. Ser declarado culpable por un juez significa en consecuencia, ser identificado como sabedor del hecho en su esencia" (LEGENDRE, 1994, Pág. 47) Quien dispone escasamente de esta capacidad, - por ende no pudiendo comprender la antijuricidad de su acto - no puede ser objeto de reproche y por ende, no habrá en este caso culpabilidad.

 

La noción de culpabilidad desde coordenadas sociales: Si hasta el momento hemos visto el tema de la culpabilidad en relación específica con el autor del hecho cometido, recurriendo a una perspectiva centrada en lo social, podemos acceder a otras coordenadas que nos permitan pensar este concepto de manera mas amplia, en donde el concepto de culpabilidad se amplía para abarcar no solo al autor sino también al cuerpo social del que éste forma parte.

De allí la introducción de la noción de "co-culpabilidad social", la cual desarrollada por Zaffaroni (ZAFFARONI, 1986, Pág. 520, SLOKAR, 1997) establece lo siguiente: "aquella parte de la culpabilidad que corresponde atribuirle a la sociedad en la limitación del ámbito de libertad del sujeto, factor que no solo incide en la explicación del injusto, sino básicamente en la delimitación de la exigibilidad" (SLOKAR, 1997)

Esta idea de co-culpabilidad social tiene en cuenta que en cualquier sociedad no todos los sujetos tienen las mismas oportunidades ni el mismo grado de autodeterminación, ya que en algunos casos esta se encuentra limitada por causas de tipo social (tales como la miseria o la dificultad para ganarse el sustento) por ende, al sujeto no puede reprochársele la totalidad de la culpabilidad en el hecho, parte de ella se pondría en la cuenta de la sociedad, la cual no habiéndole brindado todas las oportunidades de las que otros gozan, se haría cargo de la parte de responsabilidad que le cabe, aliviando en cierta medida, la carga sobre el sujeto.

Retomando la noción de culpa, podríamos encontrar aquí que confluyen sobre esta figura dos vertientes: el sujeto está en deuda con la sociedad por haber cometido una acción disvaliosa, pero a su vez la sociedad está en deuda con él por no haberle dado los elementos que le hubieran permitido quizás no cometerlo. De esta manera se relativizaría el concepto de reprochabilidad ya que no se le puede exigir del mismo modo al autor que actuase de otra manera en vista de las determinaciones de las que es objeto. Este alivio de la carga no es absoluto, al sujeto no se lo despoja del todo de su responsabilidad (tal como ocurre en el caso de la imputabilidad por incapacidad o alineación) ya que es en parte responsable -en la medida en que algo de autodeterminación conserva-, pero también ese otro factor será tomado en cuenta en el momento del reproche y de la graduación de la pena.

 

La agencia judicial y su cuota de responsabilidad frente al ejercicio de su poder: Un factor relevante a tener en cuenta desde una perspectiva más abarcativa, es la noción de vulnerabilidad . Este concepto desarrollado por Zaffaroni, define el riesgo de selección de un sujeto por parte del sistema penal: "Esta situación de vulnerabilidad la producen factores que pueden ser clasificados en dos grupos: a) una posición o estado de vulnerabilidad predominantemente social y que consiste en el grado o riesgo que corre la persona por su sola pertenencia a una clase, grupo, estrato social, etc. Y luego en las pautas de un estereotipo. b) un esfuerzo personal por la vulnerabilidad predominantemente individual y consistente en el grado o riesgo en que la persona se coloca sobre la base de su comportamiento personal, entre el que se incluye la realización del injusto." (ZAFFARONI, citado por SLOKAR, 1997).

El grado de responsabilidad debe entenderse de manera diferente en uno u otro caso. El segundo, predominantemente individual, contempla aspectos de responsabilidad por parte del sujeto, en cambio el primero, predominantemente social, no puede atribuirse exclusivamente al mismo (al respecto, volvemos a traer a colación la noción de Co-culpabilidad social).

Estas nociones que ponen de manifiesto el grado mayor de riesgo que poseen ciertos sujetos por sobre otros, así como el carácter selectivo del sistema penal que ejerce su poder sobre unos antes que sobre otros, inciden en el destino de los sujetos criminalizados: "es el grado de vulnerabilidad al sistema penal lo que decide la selección y no la comisión de un injusto, porque hay muchísimos más injustos penales iguales o peores que dejan indiferente al sistema penal" (ZAFFARONI, 1989, Pág. 275).

Este concepto no es tenido en cuenta por el sistema penal en el acto de ejercicio de su poder por sobre el sujeto. Este carácter de selectividad implica arbitrariedad y por ende una deslegitimación del sistema judicial, lo cual nos lleva directamente al problema de la responsabilidad por parte del sistema penal. El sistema judicial debe hacerse cargo de su carácter selectivo y limitar el ejercicio arbitrario del poder que le cabe. Esto implicaría que la agencia judicial, ante la realización del injusto, se vea en la disyuntiva de continuar el proceso de criminalización, o negar su posibilidad de seguir adelante, y en el caso de continuarlo, fijar límites, y en eso consiste su responsabilidad, en la limitación del ejercicio arbitrario de su poder. "La deslegitimación del ejercicio del poder selectivo y arbitrario del sistema penal "pasa" la responsabilidad del procesado a la agencia judicial. El procesado ya no es más "el" responsable (ya que se lo somete a un poder deslegitimado). La responsabilidad es de la agencia judicial, que debe responder ante el procesado y ante la comunidad, dando cuenta de la forma que ejerce o administra su reducida cuota de poder" (ZAFFARONI, 1989, Pág. 271) Esto exige un requerimiento ético hacia la agencia judicial de la cual esta no debiera evadirse. Este carácter selectivo y arbitrario que el sistema penal detenta, es lo que le hace exigible, -y por ende responsable-, limitar el ejercicio de su poder. "Es esta [la agencia judicial] la que debe comportarse éticamente frente a un ejercicio de poder deslegitimado. Luego, es esta la responsable" (ZAFFARONI, op cit, Pág. 271).

 

La disyuntiva de la posición del técnico "psi" frente al problema de la responsabilidad: ¿De que hablamos entonces cuando hablamos de "responsabilidad subjetiva? Ciertamente, no de lo mismo ya sea que nos ubiquemos en la posición de jurista o en la posición de analista (o cualquier otro técnico "psi"). Para el jurista, hacer al sujeto responsable de su acto implica individualizar al autor, evaluar su capacidad de reproche -y por ende de castigo- y de ahí, la gradación del mismo: este acto posee a su vez una función simbólica "función de interprete, garante de la referencia soberana, poniendo en juego los dos atributos fundamentales de ella: la Ley y la Razón." (LEGENDRE, 1994, Pág.53)

Para el especialista del campo psi, en cambio, la cuestión toma un cariz distinto: Apuntar a que el sujeto se haga responsable no quiere decir exigir de él un " mea culpa" lo cual tendría que ver más con colocar al sujeto en una posición masoquista, en una suerte de mortificación del alma en la que éste se coloca como ofrenda, a merced de una instancia superyoica, aceptando de manera sumisa la culpa y el castigo. Quien se pone en esa posición de exigencia lo hace ubicándose en una postura del Amo, como una encarnación del superyó severo y cruel.

Legendre, analizando el lugar de los expertos "psi" en el proceso legal, plantea que éstos se dirigen no solo al juez sino también al inculpado, de manera que puede inscribirse el acto criminal en el orden del discurso, en aquello que este autor denomina "el orden de La Referencia", en tanto fundadora de lo social y posibilitadora de que alguien se designa a si mismo como sujeto: "todo acto que pone en cuestión lo prohibido, por ser imputable a alguien, debe ser relacionado con el principio de legalidad, ese principio fundador que permite hacer de ese alguien un sujeto en el sentido psíquico del término" (LEGENDRE, 1994, Pág.39)

Hacerlo responsable implica pedirle una respuesta. Se trata de que el sujeto ponga su acto en el orden del discurso, que pueda hablar de eso, dar cuenta de eso, ponerlo en palabras, aunque sea a través de un discurso delirante. Legendre, a propósito del acto cometido por el cabo Lortie el 8 de mayo de 1984, al irrumpir en la asamblea general de Québec, con la intención de matar al gobierno, y disparando sobre aquellos que se le cruzaban, destaca las palabras del acusado: "El gobierno de Québec tenía el rostro de mi padre." Esta frase permite ver como, no obstante la existencia de un discurso delirante, el sujeto puede inscribirse en un orden posible. "una vez que el inculpado declara ante el juez que el gobierno tiene el rostro de su padre, deja de estar loco; interpreta, vé su acto como irrazonable bajo la égida de un tribunal en función, es decir, habiendo entrado el mismo en el circuito de la referencia, habiendo reencontrado su título de hijo del padre en la palabra referida" (LEGENDRE, 1994, Pág.65)

Este contraste entre ambas posiciones se puede ilustrar a partir del relato de uno de nuestros consultantes quien vinculado con una causa caratulada "abuso deshonesto" (en relación a su hija adolescente), relataba lo siguiente: "...Esa noche estaba borracho... no me acuerdo de nada... pero si mi hija lo dice, debe ser así..." El acusado admitía su culpa y las consecuencias que de ella se derivaban, como la pérdida de su posición en esa familia, ya que su hija le recordaba que él había perdido "el derecho de ser padre" . Por su parte, la esposa del consultante apoyaba las palabras de la hija, ante lo cual, él se preguntaba y se respondía a la vez: "¿Qué otra alternativa tengo? No me queda otra..."

Vemos que el sujeto no podía decir nada de ese hecho ni de su implicación en él, en la medida en que todo lo remitía a un estado que no le permitía recordar y a la aceptación sin más de lo que sancionaban los demás. Este sustraerse a la responsabilidad llevaba consigo también sustraerse al lugar de padre que le correspondía como representante de la ley en la estructura familiar: "A mí nadie me pide permiso para nada... mis hijos vienen todos los días a las tres de la mañana y yo no puedo hacer nada..." Acerca de esta negativa el consultante señalaba: "después de lo que pasó no quise volver a hablar del tema con mi hija... y ella tampoco" Este silencio pactado implícitamente entre los integrantes de la familia parecía contribuir a una armonía familiar imaginaria, en la que no se situaba el hecho ocurrido en el orden de lo discursivo, debido a la carencia de ciertos elementos que permitieran simbolizarlos. Nuestro consultante decía: " Yo no puedo aclarar nada porque ni yo mismo lo tengo claro" . Hacía falta la intervención de una terceridad que ocupando un lugar no punitivo, permitiera el despliegue de una trama con sentido alrededor de lo sucedido.

En cuanto a la culpabilidad jurídica, ya el sistema penal había cumplido su función: la había sancionado. Nada restaba por hacer por ese lado. Con relación a la cuestión de la responsabilidad, quedaba mucho por trabajar pero no en el mismo sentido en el que el sistema jurídico había realizado su intervención, sino en una línea diferente: un hecho del orden de lo real que no se discutió y que pese a todo seguía produciendo efectos, debía ser puesto en palabras, simbolizado, como una forma posible de instalar una legalidad en esa estructura familiar que se desarmaba. Al respecto, hemos visto a partir de nuestra experiencia en la Consultoría que dicha situación con frecuencia se reitera: padres que son atrapados por el sistema penal (o sea, no todos los padres que transgreden la ley, sino aquellos que la transgreden y son sancionados por ello) a partir de ese momento pierden el lugar de representantes de la ley dentro de su propia familia, produciéndose un lugar vacío en la estructura, que desencadena una desarticulación posterior en el grupo familiar.

En esto, que parece ser una consecuencia no deseada pero efectiva del sistema penal, se abre un lugar de intervención del campo psi dentro de esta maquinaria. Ya no se trata del lugar del diagnóstico, selección, etiquetamiento y derivación para el que generalmente nos convocan, sino el de constituirnos como una instancia posibilitadora de que los sujetos implicados en causas penales puedan interrogarse acerca de su lugar en el orden de lo legal y de lo familiar.

A riesgo de parecer reiterativos, insistimos con que la cuestión aquí no es que el sujeto se haga cargo, en el sentido que admita su culpabilidad y el disvalor de su acto a la manera de quien dice "Sí, he sido yo quien lo ha cometido, y eso que he cometido está mal" sino que el hacerse cargo haría más bien referencia a ver cual es la implicación del sujeto en ese acto, qué tiene que ver él con eso, qué de él está presente en ese acto. Esto no quiere decir que el técnico "psi" deba desentenderse de la problemática del ejercicio del poder, ya que un dispositivo de abordaje que omita el análisis y la crítica de los aspectos antes planteados, implicaría un evadirse de responsabilidad, lo cual, como sabemos, tiene consecuencias en la práctica profesional.

Mientras la maquinaria del sistema jurídico se encarga de la búsqueda de la responsabilidad penal, nuestra posición, en cambio, se nos plantea como una búsqueda de responsabilidad subjetiva en la que no se trata de penalizar (esto será en todo caso tarea de los juristas) sino la de aquel que interroga, no la de quien cierra la cuestión mediante una sentencia, sino la de quien mantiene abierta la pregunta dirigida al sujeto acerca de si mismo.

 

BIBLIOGRAFÍA

-Díez-Picazo, L.M., (1996) La criminalidad de los gobernantes , Barcelona: Crítica.

-Freud, Sigmund (1992), " Dostoievski y el parricidio" en Obras completas tomo XXI. Buenos Aires: Amorrortu, (original alemán 1928)

-Freud, Sigmund (1992), "El malestar en la cultura" en Obras completas tomo XXI. Buenos Aires: Amorrortu, (original alemán 1929-1930)

- Lacan Jacques (1995) El Seminario. La ética del psicoanálisis, Libro 7, Buenos Aires, Paidós (original francés, 1986).

-Legendre Pierre (1994), El crimen del cabo Lortie. Tratado sobre el padre , Méjico, Siglo XXI, (1989)

-Zaffaroni Eugenio R., (1989) En busca de las penas perdidas , Buenos Aires, Ediar.

-Zaffaroni Eugenio R., (1996) Manual de derecho penal. Parte general , Buenos Aires: Ediar.

 

 

1 Dostoyevski (1821-1881) recibió la noticia un día de junio de 1839, mientras estaba en la escuela de ingeniería militar de San Petersburgo, de que su padre había sido asesinado. El padre del autor era un viudo que se había retirado a su propiedad en el campo, y solía ser caracterizado como "un hombre retorcido y brutal". Se cree que su asesinato fue un acto de venganza por parte de uno o más de sus siervos.