DEL FRAGMENTO A LA SITUACIÓN - Lewkowicz, Ignacio y Grupo Doce

Nuevas estrategias de subjetivación

Las notas de este apartado están nucleadas en torno de un campo problemático. El agotamiento del Estado Nación como paninstitución donadora de sentido no sólo implica el agotamiento de esa lógica social y sus tipos subjetivos sino también -y esto es lo que importa en esta segunda parte- el agotamiento de sus estrategias de subjetivación[1]. Dicho de otro modo, el pasaje del Estado al mercado altera radicalmente el estatuto de la subjetividad instituida en los tiempos nacionales. El soporte subjetivo de la organización social ya no es el ciudadano producido por las instituciones disciplinarias sino el consumidor instalado por los artefactos de mercado. Ahora bien, esta alteración no se limita a la alteración de la organización social instaurada por la lógica nacional. También tiene consecuencias perturbadoras sobre las estrategias de pensamiento y de intervención (es decir, de subjetivación) propias de la dinámica agotada.

Si una estrategia de subjetivación puede ser definida como la serie de operaciones de pensamiento y de intervención sobre una subjetividad determinada, el desvanecimiento de la subjetividad en cuestión tendrá efectos sobre tales estrategias. Por qué? Porque el material subjetivo con el que tendrán que lidiar las operaciones de subjetivación será radicalmente diverso. En otros términos, si los modos de dominación varían, nada nos permite suponer que las viejas estrategias de subjetivación seguirán siendo activas en las nuevas condiciones. Por el contrario, modificada la superficie de implicación -ya no se trata del Estado Nacional y sus instituciones sino del mercado neoliberal y sus fragmentos- será necesario revisar las herramientas de pensamiento y de intervención disponibles hasta entonces.

Ahora bien, esta revisión sólo deviene estratégica cuando el modo de dominación específico de los Estados Nacionales se desvanece. En este sentido, el desvanecimiento del Estado como instancia articuladora de la vida en sociedad y la emergencia del mercado como práctica dominante, inauguran un campo problemático inédito. Ya no será decisivo pensar las operaciones de subjetivación en la subjetividad disciplinada por los Estados Nacionales, sino las estrategias de intervención en la subjetividad fragmentada por el mercado neoliberal; ya no será decisivo inventar modos de ruptura con la normativa establecida por los dispositivos estatales, sino estrategias de subjetivación capaces de hacer con la destitución mercantil. Dicho de otro modo, la dominante mercantil produce otros efectos en la subjetividad que la dominante estatal. No se trata de disciplinamiento y normalización, sino de fragmentación y destitución subjetiva. Por eso mismo, las estrategias de subjetivación no podrán ser las mimas en terreno nacional y en terreno neoliberal. Por eso mismo, será conveniente repensarlas en conexión con el estatuto de las nuevas condiciones. Las notas que siguen -cada una a su modo- ­buscan ser parte de esta tarea de pensamiento.

 

II

ESTRATEGIAS DE SUBJETIVACIÓN

CONTEMPORÁNEAS

Ya fue señalado. Somos contemporáneos de una serie de transformaciones decisivas en las formas de dominación. Justamente por eso, el pasaje del Estado Nación al mercado neoliberal también implica otra serie de alteraciones decisivas en las estrategias de subjetivación. En este apartado, nos detendremos fundamentalmente en algunas figuras de la subjetivación nacidas en los tiempos postnacionales.

Vale decir que estas notas no buscan reseñar una teoría general sobre las formas de pensamiento y de intervención en las condiciones contemporáneas. Apenas se trata de presentar algunas herramientas en conexión con un campo problemático inédito (y también impensable) para la subjetividad estatal. ¿Qué implica pensar sin Estado? ¿Cuáles son las formas de subjetivación en los tiempos contemporáneos? En definitiva, cuáles son las operaciones capaces de transformar a un ocupante de las viejas instituciones disciplinarias en un habitante de las transformaciones contemporáneas? Antes de ensayar alguna respuesta para estas preguntas, tal vez sea conveniente situar sus condiciones de emergencia.

La dominación estatal apoya en diversos fundamentos (políticos, económicos, ideológicos, sociales, etc.). No importa detenerse aquí en la batería de fundamentos propia de los Estados Nacionales, lo que sí importa señalar es que no hay dominación estatal sin fundamento de algún tipo. Como la dominación de Estado descansaba en sus fundamentos, la subjetivación moderna consistía en subvertir, romper, cambiar esos fundamentos. Cuestionadas las bases del sistema, la dominación entraba en jaque. Ahora bien, la dinámica de mercado no apoya en unos fundamentos perdurables. Más bien, su vitalidad exige todo lo contrario. En este sentido, su medio no es la solidez estatal sino la fluidez mercantil. Así, la subjetivación como ruptura de los fundamentos de la dominación deviene -en principio- inadecuada para operar en un medio fluido como el neoliberal. Dicho de otro modo, si en la lógica estatal la tarea de pensamiento y de intervención consistía en mover o desplazar los fundamentos que sometían a los ocupantes de las instituciones, nuestra tarea no parece ser esta. ¿Por qué? Porque en un medio fluido como el mercado actual, el movimiento o el desplazamiento de los términos en cuestión no son conquistas subjetivas -como lo eran en los Estados Nacionales- sino su condición ontológica. Por esta razón, la subjetivación actual no adopta la forma movediza de los tiempos disciplinarios.

Ahora bien, si la fluidez es el modo de existencia en los tiempos mercantiles, será necesario forjar los procedimientos de pensamiento y de intervención capaces de marcar este terreno. Pero también será necesario pensar nuevas estrategias de subjetivación en relación con una dominación que no sabe -ni pretende saber-­ de fundamentaciones sólidas. En definitiva, la tarea subjetiva en los tiempos neoliberales requiere de otro tipo de operaciones. Ya no es preciso desligar, romper, subvertir sino ligar, afirmar, sostener. Dicho de otro modo, nuestro punto de partida no son las instituciones estatales sino las destituciones mercantiles.

Las notas que siguen son observaciones sobre distintas operaciones orientadas a ligar, afirmar, sostener. Si bien se trata de estrategias de subjetivación diversas (habitar, desacelerar, suspender), también se trata de estrategias que trabajan sobre un mismo material subjetivo: fragmentos y subjetividades fragmentadas[2] .

Qué implica hacer de un fragmento una situación? Vayamos por partes. El agotamiento del Estado Nación como metainstitución implica el desvanecimiento de un tipo de dominación totalizadora. Agotado el Estado que totalizaba y en presencia de una dinámica mercantil que opera sin totalizar, ya no hay un mundo sino fragmentos, ya no hay un sistema que articula a las partes en un todo y les provee un sentido sino fragmentos dispersos huérfanos de significación. Pero ¿qué es un fragmento? Lo que resulta de ese agotamiento, lo que se desprende por astillamiento, por desquicio o sin plan de institución. En definitiva, un fragmento es lo que queda. Ahora bien, transformar un fragmento en una situación es una estrategia sofisticada pero imprescindible en los tiempos contemporáneos. Esta estrategia consiste en la fundación de una lógica sin remisión a otra (ya sea estatal o mercantil). Y sin remisión implica el asentamiento de un espacio y un tiempo situa­cionales, es decir, autónomos. En este sentido, ese espacio y ese tiempo no remiten a una totalidad previa sino a una fundación local. Su existencia no se deduce de la lógica anterior sino de esa misma producción. Dicho de otro modo, hay conversión de un fragmento en una situación cuando la fluidez mercantil ya no cuenta, cuando las condiciones generales son suspendidas situacionalmente por una operación. Por eso mismo, habitar una situación exige tomarla como absoluta, exige que no adquiera su consistencia de un exterior complementario sino de su propia producción, exige que no se componga como una parte de un todo sino como una elaboración soberana. En definitiva, hacer de un fragmento una situación implica transformar cada situación en un mundo habitable [3]

Pero ¿qué es una situación? La producción de una demarcación. Esto es, la producción de un espacio y un tiempo en un medio sin marcas socialmente instituidas. Pero la producción de la situación también implica la' creación de la subjetividad capaz de habitar ese espacio y ese tiempo. En este sentido, una situación constituye a su habitante -y no es el marco en el que se manifiesta un tipo subjetivo previo-. Dicho de otro, la fundación de una situación es también la fundación de su habitante. De esta manera, las estrategias de subjetivación en los tiempos contemporáneos consisten en hacer de un fragmento una situación, de una subjetividad fragmentada una subjetividad situacional.

Si es cierto que ya no hay un sistema totalizador basado en unos fundamentos sólidos, la transformación ya no consiste en la alteración de ese sistema y de sus fundamentos. Ahora bien, que la alteración no adquiere esa forma no quiere decir que la tarea subjetiva esté agote. Más bien, significa que sus procedimientos son otros. Si no hay un sistema articulado de dominación, será necesario transformar cada fragmento en situación. Si no hay fundamentos que subvertir, será necesario sostener las situaciones fundadas. De esta manera, el pasaje del Estado Nación al mercado neoliberal modifica radicalmente el campo del implicación subjetiva. Ya no se trata del mundo o de los Estados Nacionales sino de las situaciones.

 

Habitar

Para el pensamiento crítico moderno, la subjetivación es sinónimo de salida de las instituciones estatales. ¿Por qué? Porque las instituciones disciplinarias de los Estados Nacionales operan encerrando a sus agentes. Ahora bien, el pasaje del Estado Nación al mercado neoliberal implica el desvanecimiento de estas instituciones. En este sentido, la subjetivación como interrupción del encierro también se desvanece. Si la reclusión ya no es la forma de organización de la subjetividad, será pertinente preguntarse por las formas que adquiere la subjetivación en las condiciones post-encierro. Antes de indagar estos asuntos, detengámonos en el modelo de subjetivación en los tiempos disciplinarios.

El pensamiento crítico moderno supone -para pensar e intervenir- condiciones estatales y nacionales. Entre otras, una metainstitución estatal y unas instituciones de encierro. Partiendo de aquí, la subjetivación consiste en el abandono de los dispositivos de encierro. Dicho de otro modo, las estrategias de subjetivación nacidas en condiciones disciplinarias piensan inevitablemente bajo el esquema encierro-libertad.

El agotamiento del Estado como paninstitución también implica el agotamiento de sus estrategias de pensamiento y de intervención. En este sentido, el pasaje del Estado al mercado altera radicalmente la implicación de las estrategias de subjetivación. Ya no se trata del Estado y sus instituciones de encierro sino del mercado y su fragmentos, ya no se trata de romper con sino de habitar. Ahora bien, ¿qué es el habitar como estrategia de subjetivación?

¿Qué figura es la figura del habitante? Vayamos por partes. En principio, un habitante es la subjetividad capaz de forjar y transitar una situación. En este sentido, el habitante es el que convierte un fragmento en situación. Dicho de otro modo, es el tipo subjetivo que hace de la situación de la que forma parte un mundo. La transformación de una situación en mundo exige la demarcación de los términos que serán de la partida. En términos, implica la producción de un espacio y un tiempo situaciones.

As¡ definido, el habitar no consiste en la ocupación de un lugar en un sistema de lugares -lo que sería propio de la metainstitución estatal-. Por el contrario, consiste en la determinación de ese espacio y de ese tiempo. En este sentido, el punto de la partida de un habitante no son las lugares instituidos sino los fragmentos destituidos. Justamente por eso, habitar un espacio es determinarlo. Y para determinarlo es preciso construirlo. De esta manera, habitar -en condiciones de fluidez- es sinónimo de construir. Pero como la construcción sucede en la fluidez, está amenazada de destitución. De esta manera, la construcción no podrá ser de una vez y para siempre. Por el contrario, construir en las condiciones de fluidez exige una tarea permanente. En otros términos, exige la colonización de ese espacio conquistado por el habitar. Pero ¿qué es colonizar? Es una operación sobre el terreno conquistado. Es la tarea subjetiva en tiempos de destitución. Es el emprendimiento capaz de sostener lo fundado. Sin esta operación, la situación y el habitante se desvanecen. Sin esta operación, hay fragmentos y subjetividades fragmentadas. Justamente por eso, el habitar deviene estrategia de subjetivación decisiva en los tiempos contemporáneos . 

Desacelerar

La subjetividad ciudadana, la subjetividad forjada por los Estados Nacionales prosperó en un medio sólido. La solidez como lógica supone que dos términos vecinos permanecen vecinos en la medida en que no se introduzca movimiento alguno de separación. De esta manera, sin una intervención interesada en producir desplazamientos, los ocupantes de un medio sólido permanecen en el mismo sitio relativo. Como consecuencia de esto, el estado regular de los agentes en condiciones de solidez es la ausencia de movimiento. Justamente por eso, las estrategias de subjetivación en un medio sólido momo el nacional- consistían en la movilización de los términos fijados, retenidos o inmovilizados por las instituciones disciplinarias.

La solidez como lógica no sólo implica regularidad de las condiciones sino también -y como consecuencia de esto- la posibilidad segura de orientación. Dicho de otro modo, si en un ambiente sólido se reproduce sin mayores alteraciones la localización de los términos que componen ese sistema, si en un medio insisten las coordenadas que permiten distinguir un paisaje de oteó, un ocupante cualquiera no encontrará mayores dificultades a la hora de transitar por esa superficie. En este sentido, la permanencia de las marcas en la era nacional habilitaba el tránsito sin mayores contratiempos por la solidez.

Por lo señalado, la regularidad del medio y la probabilidad de orientación en ese medio son posibles en un terreno sólido. Pero estos posibles -que supieron organizar la vida de los ciudadanos en los Estados Nacionales- hoy devienen imposibles. Y devienen imposibles porque la condición de implicación de las subjetividades ya no es la solidez sino la fluidez, ya no es el Estado metainstitución sino el mercado neoliberal. De esta manera, la experiencia contemporánea no sucede en un tablero estable sino en un espacio fluido.

Ahora bien, ¿qué significa que la subjetividad contemporánea esté afectada por la fluidez? ¿Qué significa que la vida suceda en un medio fluido? Significa que los parámetros que organizaban la experiencia en un medio sólido se desvanecieron con el agotamiento del Estado Nación como paninstitución donadora de sentido, significa que los principios que le permitían a un ciudadano orientarse en la lógica nacional se desintegraron con el agotamiento del medio sólido. Pero también significa que este desvanecimiento no forjó nuevas estrategias (generales o no) para conducirse en la fluidez.

Sin marcación del medio fluido, no hay posibilidad de orientación. Y no hay posibilidad de orientación porque no disponemos de un espacio y un tiempo socialmente instituidos. En este sentido, espacio y tiempo eran condiciones a priori en la solidez, eran instituciones de los Estados Nacionales. Pero en la fluidez ya no es así. En un medio fluido como el neoliberal, no hay espacio ni tiempo sino velocidad y aceleración. Ahora bien, qué implica esta sustitución? Implica que la velocidad y la aceleración no son los modos en que se desplazan los términos en un espacio y un tiempo determinados sino el modo de estar en la fluidez. En este sentido, la velocidad y la aceleración son rasgos de la subjetividad contemporánea. En este sentido, la era del mercado neoliberal es la era de la, f fluidez

Si la subjetividad instalada por la dinámica de mercado supone velocidad y aceleración, el modelo de subjetivación nacido en la solidez nacional resulta impertinente. Y resulta impertinente porque lo que causa sufrimiento -en la actualidad- no es la solidez sino la fluidez. Dicho de otro modo, las condiciones de implicación de las estrategias de pensamiento y de intervención contemporáneas no son la fijación y la ausencia de movimiento sino la velocidad y la aceleración. Por esta razón, resulta necesario entrenar a las subjetividades en la desaceleración. Esto es, en los procedimientos capaces de marcar tiempo y espacio en el terreno fluido. Ahora bien, en tiempos de fluidez, desacelerar no es una operación meramente cuantitativa sino centralmente cualitativa. En definitiva, se trata de una operación que busca construir pausas en un ambiente veloz. Y en la velocidad neoliberal, la desaceleración sobreviene clave de la subjetivación contemporánea.

 

Suspender

Fieles a su función, los eventos institucionales arman su número vivo. Pretenden que allí se desarrolle la discu­sión. Hay expositores y espectadores. Pero sobre todo hay consumidores. El juego armado para la ocasión empieza a rendir sus frutos. Por quinta vez se escucha decir: ¡qué interesante! Otras tantas veces, los disertantes buscan divertir al aburrido auditorio. Doblemente interesante. No hay dudas, el evento institucional ha sido un éxito. Todo salió como estaba representado. La concurrencia es numerosa, las estrellas invitadas concurrieron, y los orga­nizadores son felicitados por los asistentes al suceso.

Así definida no resulta sencillo ligar la dinámica del evento institucional con ese material tan volátil llamado pensamiento. Más bien, resulta imposible. La condición volátil del pensamiento exige otros procedimientos. Más precisamente, exige la creación de una materialidad con capacidad albergar esas operaciones que constituyen pensamiento. Pero también con capacidad de suspender las operaciones que impiden su presentación.

Se suele decir que cada lógica instituye el tipo subjetivo capaz de transitarla. El evento institucional no es una excepción. También produce sus ocupantes específicos. A saber: expositores y espectadores; disertantes y auditorio. En las condiciones del evento institucional, los expositores despliegan, con mayor o menor pericia, el número trazado para la ocasión. Los espectadores dejan sentir su opinión, y se manifiestan satisfechos o no por el servicio ofrecido. Así las cosas, todo transcurre en el terreno de la subjetividad instalada por el evento. Nos vamos como vinimos. Sabiendo un poco más, opinando un poco más. El pensamiento no rozó la ocasión. Somos los mismos. Ahora bien, para que el destino sea otro será necesario suspender las operaciones propias del evento y forjar otras operaciones. En definitiva, otra subjetividad.

El evento institucional ya fue caracterizado. Resta indagar los rasgos del dispositivo solidario con la tarea de pen­samiento. Es preciso aclarar que si el pensamiento es una operación sobre un obstáculo en un recorrido subjetivo, en estas coordenadas, el obstáculo es el evento institucional y sus tipos subjetivos. Ahora bien, ¿qué figura subjetiva será capaz de hacer con tales obstáculos? El dispositivo asamblea tal vez nos oriente en este interrogante.

La asamblea es un dispositivo de pensamiento. Pero este dispositivo no tiene expositor ni espectadores. Tampoco dispone de saberes y opiniones. Más bien, estos están suspendidos, y sólo serán convocados de ser necesitados. Mientras el evento institucional se organiza desde el saber y/o la opinión, la asamblea nace a partir de un problema compartido. Y en torno de ese problema se constituye. En este sentido, lo que hace lazo en la asamblea es un problema coincidente. En este sentido, el lazo en la asamblea es inevitablemente problemático y situacional. Que el lazo sea problemático y situacional significa que la asamblea se arma en un punto de no saber colectivo. Ahora, este no saber no describe la ignorancia de los allí reunidos respecto de un área específica. Este no saber describe un problema impensado por los allí reunidos. En ese terreno donde el saber y la opinión son estériles, hay posibilidad de que la asamblea se constituya en dis­positivo de pensamiento.

Es importante señalar que la asamblea es una producción que consiste en la suspensión de los componentes de la lógica institucional (saber y opinión; expositor y espectador) y la determinación de un tipo de enlace problemático (pensamiento; asamblea). Si esto sucede, hay encuentro de pensamiento. Esto es, algo transcurre en el terreno de la subjetivación. Ya no somos los mismos ni nos vamos como vinimos, porque el pensamiento rozó el encuentro asamblea.

Finalizado el evento, se inicia la evaluación del despliegue institucional. Las variables de ocasión confirman (o no) el éxito del suceso: concurrencia numerosa, presen­cia mediática, asistencia de los invitados de lujo, participación y debate. La clave numérica organiza la evaluación del evento. De esta manera, los números dominan la temporalidad postevento. Los números también confirman el éxito, y los organizadores quedan satisfechos con lo sucedido. Sin otras herramientas para leer lo ocurrido, los resultados se convierten en la instancia de decodificación del evento institucional. Nuevamente transitamos el terreno de la subjetividad socialmente instituida.

Los dispositivos de pensamiento necesitan de otras herramientas de lectura. En este sentido, la lectura en clave numérica le hace obstáculo a una lectura en otra clave. La asamblea como dispositivo de pensamiento exige de una operación capaz de rastrear lo producido en ese encuentro. En este sentido, necesita de un balance. Pero ¿qué es un balance?

Si la asamblea es un dispositivo de interrupción de la subjetividad instalada por el evento institucional, el balance es la operación de suspensión de los modos ofrecidos por ese evento para evaluar lo sucedido. El encuentro acontecido en situación de asamblea no puede ser pensado en su radicalidad por el lenguaje de los resultados. Justamente por eso, necesita forjar unos parámetros de lectura atentos a la producción en cualidad -y no a la puesta en serie en cantidad-. La operación balance consiste entonces en el registro de lo acontecido en situación de asamblea. Ahora bien, este registro no describe una anotación objetiva, describe la percepción que una subjetividad (en estas condiciones, los habitantes de la asamblea) tiene de sus impasses, debilidades y obstáculos, pero también de sus invenciones, sistematizaciones y movimientos. En este sentido, el balance es una operación en fidelidad a la producción de pensamiento en la lógica de asamblea.

Partimos del evento institucional y de la dominancia de los resultados. Transitamos la subjetividad socialmente instituida. Asamblea y balance son operaciones de subjetivación sobre esa subjetividad. O dicho de otro modo, son modalidades de interrupción del obstáculo que impide el pensamiento. Sin esta interrupción no hay pensamiento porque el pensamiento consiste, para nuestra definición, en la suspensión de los recursos y representaciones de la lógica instituida que impiden habitar esa situación. De esta manera, pensar exige sustraerse del evento institucional y la dominancia de los resultados. Sin esta suspensión, permanecemos en el terreno del evento institucional.

 

[1] Sobre los conceptos de subjetividad socialmente instituida, envés subjetivo y subjetivación, ver pp. 20-22 // volver a arriba

[2] Habitar, desacelerar y suspender son estrategias de subjetivación en las condiciones contemporáneas. Claro está que no son las únicas. Pero aquí se trata de detenernos en estas tres operaciones. // volver a arriba

[3] En los tiempos nacionales circulaba en las instituciones -sobre todo en las educativas ­una consigna progresista que podría ser formulada en estos términos: "Esto no es una isla". ¿Qué era esto? La escuela, el colegio, la universidad. Pero también cada aula. Que las instituciones no fueran islas implicaba que estuvieran conectadas con el afuera. Que las instituciones fueran islas implicaba que estuvieran desconectadas del afuera. Ahora bien, esta consigna prosperó en las condiciones nacionales porque las instituciones disciplinarias limitaban los intercambios con el afuera, con la realidad, con los hechos políticos e ideológicos. Pero en las condiciones contemporáneas, esta consigna resulta anacrónica. Las instituciones actuales no sufren por la ausencia de intercambios o de conexiones con el afuera sino por la inundación de términos impertinentes. En este sentido, la tarea actual parece consitir en ajustar, limitar y regular los intercambios y las conexiones con el afuera. Justamente por eso, la metáfora de la isla se invierte. No se trata de conectar las islas con el continente sino de construir islotes habitables que no sean inundados por el océano mercantil // volver a arriba.